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¿Por qué cuesta tanto desconectar en vacaciones?

no desconectar en verano

Llevas meses esperando que lleguen las vacaciones. Imaginas esos días de descanso, levantarte sin despertador, tener tiempo para ti, hacer planes con calma o simplemente no hacer nada.

Y cuando por fin llegan… tu cuerpo está de vacaciones, pero tu cabeza parece no haberse enterado.

Sigues pensando en el trabajo, repasando cosas pendientes, anticipando lo que tendrás que hacer a la vuelta o sintiendo que deberías estar aprovechando mucho más esos días.

Entonces puede aparecer una pregunta bastante habitual:

“¿Qué me pasa? ¿Por qué no consigo relajarme si estoy de vacaciones?”

La respuesta es que desconectar no funciona como un interruptor. No podemos pasar automáticamente de meses de actividad, responsabilidades y estrés a un estado de calma absoluta simplemente porque haya llegado el verano.

Y comprenderlo puede ayudarnos a dejar de convertir el descanso en otra cosa que tenemos que hacer bien.

Después de meses de prisas, nuestra mente no se detiene de golpe

Durante buena parte del año vivimos con una estructura bastante marcada: horarios, trabajo, responsabilidades, citas, tareas, obligaciones familiares…

Nuestro organismo se acostumbra a funcionar en ese ritmo.

Por eso, cuando llega el momento de parar, el cuerpo puede reducir su actividad antes de que nuestra mente consiga hacerlo.

Podemos estar tumbados en una playa y seguir pensando en aquello que dejamos pendiente.

Podemos tener toda la tarde libre y sentir cierta inquietud porque no sabemos qué hacer con ella.

Podemos estar disfrutando de una cena y, al mismo tiempo, pensar en lo que tendremos que resolver cuando volvamos.

Esto no significa necesariamente que no sepamos disfrutar ni que estemos haciendo mal nuestras vacaciones.

Significa que necesitamos un periodo de transición.

El descanso también necesita adaptación

Cuando llevamos meses funcionando a un ritmo elevado, nuestro sistema nervioso no siempre cambia de marcha inmediatamente.

Durante el año podemos haber estado pendientes de muchas cosas y acostumbrados a responder rápidamente a demandas, problemas y responsabilidades. Al llegar las vacaciones, esas demandas disminuyen, pero nuestra activación mental puede tardar algo más en hacerlo.

Por eso los primeros días pueden resultar incluso extraños.

Puede aparecer:

  • dificultad para dejar de pensar en el trabajo;
  • sensación de inquietud cuando no tenemos nada que hacer;
  • necesidad de mantenernos ocupados;
  • irritabilidad o cansancio;
  • pensamientos sobre asuntos pendientes;
  • dificultad para disfrutar del tiempo libre;
  • sensación de que “deberíamos estar aprovechando más”.

A veces esperamos que las vacaciones nos hagan sentir bien inmediatamente, pero el descanso no siempre empieza sintiéndonos relajados.

En ocasiones, primero necesitamos permitirnos bajar progresivamente el ritmo.

“Debería estar disfrutando”

Hay algo más que puede dificultar todavía más la desconexión: la exigencia de tener que disfrutar.

Podemos pensar:

“Tengo vacaciones, debería estar disfrutando.”

“No puedo estar preocupándome ahora.”

“Tengo que aprovechar estos días.”

“Después de todo el año trabajando, debería sentirme genial.”

El problema es que convertimos el descanso en otra obligación.

Y entonces aparece una paradoja: queremos relajarnos, pero nos exigimos relajarnos.

Cuanto más comprobamos si estamos suficientemente descansados, si estamos disfrutando o si estamos aprovechando las vacaciones, más difícil puede resultar conectar con el momento presente.

Por eso, quizá sea más útil cambiar la pregunta.

En lugar de:

“¿Por qué no consigo desconectar?”

podemos preguntarnos:

“¿Qué necesito para empezar a bajar el ritmo?”

ambién es importante recordar que no existe una única forma correcta de descansar.

Para algunas personas, descansar significa dormir más. Para otras, pasar tiempo con amigos, viajar, estar en contacto con la naturaleza, leer, hacer deporte o simplemente quedarse en casa.

Incluso nuestras necesidades pueden cambiar de un verano a otro.

Puede que este año necesites actividad porque has pasado demasiado tiempo encerrada en la rutina. O puede que necesites precisamente lo contrario: menos planes, menos ruido y más espacio.

Por eso, descansar no consiste en cumplir una determinada imagen de las vacaciones, sino en encontrar aquello que realmente favorece nuestra recuperación.

Y esto conecta directamente con una idea que desarrollábamos en nuestro artículo sobre [el mito de las vacaciones perfectas], donde hablábamos de cómo las expectativas sobre lo que “deberían” ser nuestras vacaciones pueden acabar generando más presión.

No todo el mundo desconecta de la misma manera

También es importante recordar que no existe una única forma correcta de descansar.

Para algunas personas, descansar significa dormir más. Para otras, pasar tiempo con amigos, viajar, estar en contacto con la naturaleza, leer, hacer deporte o simplemente quedarse en casa.

Incluso nuestras necesidades pueden cambiar de un verano a otro.

Puede que este año necesites actividad porque has pasado demasiado tiempo encerrada en la rutina. O puede que necesites precisamente lo contrario: menos planes, menos ruido y más espacio.

Por eso, descansar no consiste en cumplir una determinada imagen de las vacaciones, sino en encontrar aquello que realmente favorece nuestra recuperación.

Y esto conecta directamente con una idea que desarrollábamos en nuestro artículo sobre [el mito de las vacaciones perfectas], donde hablábamos de cómo las expectativas sobre lo que “deberían” ser nuestras vacaciones pueden acabar generando más presión.

Diversas formas de disfrutar el verano

¿Qué podemos hacer para facilitar la desconexión?

No podemos obligarnos a relajarnos, pero sí podemos crear unas condiciones que favorezcan que nuestra mente vaya reduciendo progresivamente el ritmo.

1. No esperes sentirte descansado desde el primer día

Los primeros días pueden ser de transición.

Quizá todavía aparezcan pensamientos relacionados con el trabajo, preocupaciones o cierta inquietud.

No necesitas interpretar esto como un fracaso.

Date tiempo para pasar de un ritmo a otro.

2. Reduce progresivamente las exigencias

Si durante todo el año has estado funcionando con horarios y obligaciones, quizá no sea necesario llenar también las vacaciones de actividades.

Deja espacios sin planificar.

No todo momento libre tiene que convertirse en una experiencia que aprovechar.

3. Permítete aburrirte

Estamos muy acostumbrados a llenar cualquier espacio vacío con estímulos: móvil, redes sociales, series, mensajes…

Sin embargo, no hacer nada durante un rato también puede formar parte del descanso.

No necesitas estar entretenido constantemente.

4. Diferencia descansar de estar ocupado

A veces llenamos las vacaciones de planes porque pensamos que eso significa aprovecharlas.

Pero tener una agenda llena durante las vacaciones no necesariamente significa descansar.

Pregúntate:

“¿Esto me aporta energía o me está manteniendo en el mismo ritmo del que necesitaba alejarme?”

5. Presta atención a lo que necesitas

En lugar de intentar cumplir con la idea de unas vacaciones ideales, escucha cómo estás.

Quizá hoy necesitas salir.

Quizá necesitas dormir.

Quizá quieres estar con otras personas.

Quizá necesitas estar sola.

Quizá simplemente necesitas una tarde sin hacer absolutamente nada.

Escuchar esas necesidades también es una forma de autocuidado.

No tienes que desconectar de golpe

A veces pensamos que cuando llegan las vacaciones deberíamos sentir inmediatamente alivio, tranquilidad y ganas de disfrutar.

Pero después de meses de prisas, responsabilidades y estrés, nuestra mente también necesita tiempo para bajar el ritmo.

No tienes que sentirte descansado desde el primer día.

No tienes que aprovechar cada momento.

No tienes que demostrar que estás disfrutando.

Y tampoco tienes que convertir el descanso en una nueva exigencia.

Quizá este verano no necesites hacer más.

Quizá necesites darte permiso para bajar el ritmo.

Porque descansar no consiste únicamente en dejar de trabajar.

También consiste en dejar de exigirnos estar siempre haciendo algo, resolviendo algo o funcionando al máximo.

Y si todavía te cuesta desconectar, recuerda:

No significa que estés descansando mal. Tu mente también necesita tiempo.

En Terapitea

Si sientes que te cuesta bajar el ritmo, desconectar de las responsabilidades o permitirte descansar sin culpa, trabajar estos patrones puede ayudarte a comprender qué está manteniendo esa activación y aprender estrategias más ajustadas a tus necesidades.

En Terapitea, Centro de Psicología en Almería, podemos acompañarte a construir una relación más saludable con el descanso, la autoexigencia y el bienestar emocional.

El descanso no es algo que tengas que hacer perfectamente. También puedes aprender a darte permiso para parar.

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