
¿Por qué cuesta desconectar en vacaciones?
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Hace unos años, el verano era sinónimo de desconectar, improvisar, aburrirse un poco y dejar que los días transcurrieran con menos prisas. Hoy, sin embargo, hay un gesto que se ha convertido en casi automático: coger el móvil.
Quizá solo querías mirar un mensaje, pero en pocos minutos has visto playas paradisíacas, viajes increíbles, cenas frente al mar, cuerpos perfectos, festivales, atardeceres y sonrisas que parecen no terminar nunca.
Cierras la aplicación.
Miras a tu alrededor.
Y, casi sin darte cuenta, tu propio verano empieza a parecer menos interesante.
Aunque hace apenas cinco minutos estabas perfectamente.
Las redes sociales forman parte de nuestra vida y tienen aspectos muy positivos: nos permiten compartir experiencias, inspirarnos, mantener el contacto con otras personas e incluso aprender. Sin embargo, cuando olvidamos que muestran solo una pequeña parte de la realidad, pueden influir en cómo valoramos nuestra propia experiencia.
A veces, sin ser conscientes, empezamos a vivir el verano más hacia fuera que hacia dentro.
No solo pensamos en descansar o disfrutar, sino también en cómo se verá ese momento en una fotografía, qué historia subiremos o qué pie de foto pondremos.
Sin querer, parte de nuestra atención deja de estar en lo que estamos viviendo y pasa a centrarse en cómo mostrarlo.
Paradójicamente, esta activación constante es justo lo contrario de lo que nuestro cerebro necesita para recuperarse del ritmo acelerado del resto del año.
El verdadero descanso implica estar presentes, bajar el nivel de exigencia y permitir que la mente también pueda relajarse.
La comparación social no es un defecto ni significa que tengamos baja autoestima.
Nuestro cerebro compara de forma natural. Es una manera de orientarnos, aprender y comprender el entorno.
El problema aparece cuando la comparación deja de ser equilibrada.
En redes sociales no solemos comparar nuestra vida con la realidad completa de otras personas, sino con una selección de sus mejores momentos.
Comparamos nuestro «detrás de cámaras» —el cansancio, el calor, las discusiones, las preocupaciones económicas o un día aburrido en casa— con el escaparate de viajes, sonrisas y momentos especiales que otras personas deciden compartir.
Y esa comparación nunca es justa.
¿Alguna vez has pensado que deberías estar haciendo algo más interesante?
Este fenómeno tiene incluso un nombre en psicología: FOMO (Fear of Missing Out), que hace referencia al miedo a perderse experiencias que otras personas parecen estar disfrutando.
Ver que amigos viajan, salen de concierto o publican planes continuamente puede hacernos sentir que estamos desaprovechando nuestras vacaciones.
Sin embargo, muchas veces no sentimos ese malestar porque realmente queramos hacer todas esas actividades, sino porque pensamos que deberíamos querer hacerlas.
Y esa diferencia es importante.
Las redes sociales también pueden llevarnos, sin darnos cuenta, a buscar validación externa.
Esperamos reacciones, comentarios o «me gusta». Incluso podemos sentir cierta decepción cuando una publicación no tiene la repercusión que imaginábamos.
Otras veces sucede algo más sutil: parece que, si no hacemos una foto o no la compartimos, ese momento pierde parte de su valor.
Pero las experiencias más significativas no siempre son las más fotografiadas.
Hay conversaciones, abrazos, paseos o silencios que merecen ser vividos sin necesidad de una cámara de por medio.
No se trata de dejar de utilizar las redes sociales, sino de hacerlo de una forma más consciente.
Algunas ideas que pueden ayudarte son:
No hace falta desaparecer de las redes, pero sí crear espacios donde el móvil deje de ser el protagonista.
Por ejemplo, durante las comidas, mientras paseas, cuando estás en la playa o antes de irte a dormir.
Antes de aceptar una actividad o publicar una fotografía, hazte una pregunta sencilla:
¿Lo hago porque realmente me apetece o porque siento que debería hacerlo?
Esta pequeña reflexión puede ayudarte a conectar con tus propias necesidades en lugar de con las expectativas externas.
Vivimos en una sociedad que asocia el tiempo libre con hacer constantemente cosas.
Sin embargo, los momentos de calma, silencio o incluso de aburrimiento permiten que nuestro cerebro descanse y recupere recursos.
No todos los días tienen que ser memorables.
No todo necesita convertirse en una historia de Instagram.
A veces, el mejor recuerdo es aquel que permanece en nuestra memoria y no en la galería del teléfono.
Si determinadas cuentas te generan comparación constante, sensación de insuficiencia o malestar, quizá sea un buen momento para silenciarlas temporalmente.
Cuidar tu salud mental también implica elegir qué contenido dejas entrar en tu día a día.
En nuestro artículo anterior hablábamos sobre el mito de las vacaciones perfectas y cómo las expectativas pueden convertirse en una fuente de presión.
Las redes sociales pueden alimentar parte de esas expectativas cuando olvidamos que muestran solo una pequeña parte de la realidad.
No existe un verano perfecto.
Existe tu verano.
Con días maravillosos y otros más tranquilos.
Con planes y con momentos de descanso.
Con risas, pero también con cansancio, dudas o emociones difíciles.
Y todo eso forma parte de una experiencia auténtica.
Las vacaciones más valiosas no son las que reciben más «me gusta», sino aquellas en las que puedes vivir de una forma coherente con lo que realmente necesitas.
Si sientes que la comparación, la autoexigencia o la presión por cumplir determinadas expectativas están afectando a tu bienestar emocional, recuerda que no tienes que gestionarlo en soledad.
En Terapitea, centro de psicología en Almería, te acompañamos para comprender lo que te ocurre y ayudarte a construir una relación más amable contigo misma/o, también durante el verano.
Centro sanitario autorizado por la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, con número de identificación de centro autorizado 50051.

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