
¿Por qué cuesta desconectar en vacaciones?
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Llega el verano y, casi sin darnos cuenta, nos vemos rodeados de un mensaje que parece repetirse por todas partes: este debería ser el momento más feliz del año.
Las redes sociales se llenan de playas paradisíacas, viajes inolvidables, cuerpos bronceados, cenas frente al mar y sonrisas que parecen no terminar nunca. Da la sensación de que las vacaciones son ese oasis capaz de borrar de un plumazo el cansancio, el estrés y las preocupaciones acumuladas durante todo el año.
Sin embargo, la realidad suele ser bastante más compleja.
En Terapitea, en nuestro centro de psicología en Almería, muchas personas cuentan que, lejos de sentirse tranquilas, el verano les genera inquietud, culpa o incluso ansiedad. El cambio de ritmo, las expectativas tan elevadas o el exceso de tiempo para pensar hacen que este periodo no siempre se viva como imaginábamos.
Y eso es mucho más frecuente de lo que creemos.
Si los primeros días de vacaciones te cuesta desconectar, te notas irritable o tu cabeza no deja de dar vueltas, no significa que haya algo mal en ti.
Durante meses hemos vivido siguiendo horarios, obligaciones y responsabilidades. Cuando todo eso desaparece de forma repentina, nuestro sistema nervioso necesita un tiempo para adaptarse. Descansar no es un interruptor que podamos apagar y encender a voluntad.
Existen varios factores que explican por qué el verano también puede convertirse en una fuente de presión emocional.
Aunque a veces la rutina resulte agotadora, también nos proporciona estructura y sensación de control.
Cuando desaparece de golpe, aparece un espacio que muchas veces se llena de pensamientos que durante el año habían quedado aparcados: preocupaciones, decisiones pendientes, emociones no resueltas o simplemente una sensación de desorientación.
No es extraño que, precisamente cuando tenemos más tiempo libre, nuestra mente parezca estar más activa que nunca.
Pocas épocas del año generan tanta expectativa como las vacaciones.
Parece que tenemos que aprovechar cada día, hacer planes constantemente, viajar, descansar, compartir tiempo con los demás y volver sintiéndonos completamente renovados.
Sin darnos cuenta, convertimos el descanso en otra obligación más.
Entonces aparece la culpa si un día no tenemos ganas de salir, si preferimos descansar en casa, si necesitamos un rato de soledad o si simplemente no estamos disfrutando tanto como esperábamos.
Pero descansar también puede significar no hacer nada. Y eso no debería hacernos sentir culpables.
Las redes sociales muestran una versión muy seleccionada del verano.
Vemos viajes espectaculares, familias aparentemente perfectas, parejas felices y días llenos de planes. Sin embargo, rara vez aparecen las discusiones, el cansancio, el calor, las preocupaciones económicas o los momentos de aburrimiento.
Cuando comparamos nuestra realidad con esa versión idealizada, es fácil pensar que somos los únicos que no estamos viviendo un verano perfecto.
Y la realidad es justamente la contraria: nadie vive unas vacaciones perfectas todo el tiempo.
Durante el verano cambian los horarios, aumentan los momentos compartidos y, en muchas ocasiones, pasamos más tiempo con la pareja, la familia o los hijos.
Esto puede hacer que aparezcan pequeños conflictos, diferencias de ritmo o necesidades distintas de descanso.
No significa que la relación vaya mal. Significa que convivir más tiempo también requiere adaptación, comunicación y respeto por los espacios personales.
Existe otra realidad de la que se habla poco.
Hay personas que trabajan durante todo el verano, que atraviesan un duelo, que se sienten solas, que conviven con ansiedad o depresión, que cuidan de un familiar o que, simplemente, no pueden permitirse unas vacaciones.
Cuando el entorno transmite la idea de que todo el mundo debería estar disfrutando, estas situaciones pueden generar todavía más sensación de aislamiento o de «estar haciéndolo mal».
Pero no hay una única manera correcta de vivir el verano.
El descanso no consiste en cumplir un listado de actividades ni en mantener una sonrisa permanente. Descansar también implica bajar el ritmo, escuchar nuestras necesidades y permitirnos vivir este tiempo con menos exigencia.
Algunas ideas que pueden ayudarte son:
Las vacaciones no tienen que ser perfectas para ser valiosas.
No necesitas aprovechar cada minuto, cumplir todas las expectativas ni volver siendo una persona completamente renovada.
Quizá este verano solo necesites darte permiso para descansar sin culpa, poner algún límite más, escuchar lo que necesitas y recordar que el bienestar no consiste en hacer más, sino en vivir de una forma más acorde contigo.
Y si sientes que el agotamiento acumulado, la ansiedad o el estrés siguen ocupando demasiado espacio en tu vida, pedir ayuda también puede formar parte del autocuidado.
En Terapitea, centro de psicología en Almería, te ofrecemos un espacio seguro donde comprender lo que te ocurre, cuidar de tu salud mental y avanzar a tu propio ritmo, sin presiones ni exigencias imposibles.
Centro sanitario autorizado por la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, con número de identificación de centro autorizado 50051.

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